Crítica de Lluis Pomar en Museo Coconut

Llevo siguiendo a Ernesto Sevilla y compañía desde los monólogos de la Paramount, La hora chanante, Smonka, Muchachada Nui y demás... y creo que Museo Coconut es otra de esas obras televisivas antológicas. Unos sketches cojonudísimos, maricón y tontico dándoles una toque fantástico y por lo general un rato de casi media hora de troncharte y no parar. Cada personaje de la serie tiene un punto único e irrepetible, aunque algunos sean ya vistos como el caso de Onofre en Smonka. Todo encaja y ojalá dure por muchos años.

A diferencia del pánfilo de José Mota, que hace un humor ridículo para ancianos paletos y niños en etapa pre-pubertaria, Museo Coconut acoge un público tan vasto que solo puede ser odiado por "haters" sin remedio.

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