Crítica de . . en Broadchurch

Los primeros capítulos son una lección impagable de cómo equilibrar un thriller policíaco, siguiendo el patrón clásico, con un descarnado drama, que no sólo no huye del exceso emocional, sino que lo utiliza en su propio beneficio, sacándole partido a las interpretaciones, tanto de los protagonistas, como de los secundarios.

El guión es excelente, moviéndose sin complejos entre todos los tópicos posibles, pero creando, a su vez, un aura de misterio muy adictivo. El perfil de los personajes no decepciona, a pesar de que sólo se nos concedan un par de pinceladas de cada uno, poniéndoles al límite, para luego redimirles.

Creo que su mayor acierto está en cómo trata al espectador. Aquí nadie nos invita a reflexionar, ni a hacer examen de conciencia. Las intenciones son mucho peores: esta serie consigue convertir en culpable a todo el mundo: la prensa, la religión, la familia... y hasta nosotros, espectadores, que somos cómplices de los más graves prejuicios.

Ahora bien, todo esto se desmorona hacia el final, donde ese equilibrio se rompe en favor del drama más efectista y llenando la pantalla de imágenes que sólo consiguen alargar un capítulo final que podría haber durado 20 minutos.

El peor final que he visto en mucho tiempo. Una pena, porque no se lo merecía.

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