Crítica de Sergi Monfort Ferrer en A propósito de Llewyn Davis

Malditos gatos.
Oscar Isaac, nuestro Llewyn Davis, los odia, y vaya que se le nota. Al final, todos los involucrados en esta película (PELICULÓN) acabaron odiando a los felinos.
Yo los sigo prefiriendo a los perros.

Llewyn es, de hecho, un gato callejero que se apalanca donde puede. Un músico folk —sinónimo de perdedor— que, a pesar de tener talento, como bien le dice en alguna escena F. Murray Abraham, "no veo el dinero en esto".
Como tienen costumbre, los hermanos Coen son capaces de coger una historia negrísima de precariedad, de (no tanto) amor al arte y de patetismo y sacarle el punto irónico y gracioso.

Qué bien está John Goodman, como siempre en las películas de estos realizadores. Es evidente que con los Coen está más cómodo que nadie.
Todos los personajes están de rechupete (la agresiva y siempre bella Carey Mulligan, ojo), incluso Justin Timberlake, que aparece de manera prácticamente testimonial.

Con el paso del tiempo y la falta de costumbre y visionado, había olvidado por completo lo terriblemente buenos que son estos hermanos escribiendo guiones. ¡Una barbaridad de diálogos certeros, punzantes! Prácticamente todas las escenas tocan la maestría.

En estos tiempos, es un gustazo poder ver una película que te trata como a alguien inteligente y no cae nunca en lo facilón, ni en lo aburrido, ni siquiera (gracias) en lo solemne.

El folk no es mi género musical favorito ni de lejos.
Sin embargo, todavía no he visto una mejor película sobre éste.

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Raúl Dorta
Que hablas cabrón.
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Totalmente de acuerdo contigo.
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